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¿Qué es ser santo?

La santidad acaba con las costumbres pecaminosas, nos libera del poder de la carne y desarrolla en nosotros frutos. Pero ¿Qué significa ser santo?

En la Biblia somos llamados en muchas ocasiones a ser santos. En el post de  la semana pasada comenzamos a indagar en este tema.

¿Qué significa ser santo?

La palabra santo viene del griego hagios, que significa: consagrado, apartado, separado de.

Ser santo es separarnos del pecado, apartarnos de lo impuro.

Ser santo es estar limpio de toda contaminación de carne y espíritu (2 Corintios 7:1)

¿Quiénes son santos?

En la Biblia se utiliza la palabra santos muy seguido, sobre todo en el Nuevo Testamento.

 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén;” – Hechos 9:13

 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.” – Hechos 9:32

“[…] lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto.” – Hechos 26:10

Los santos, son todos aquellos que han recibido a Cristo en su corazón y que se han apartado del pecado. Personas, que se han apartado del mundo para servir al Señor.

“Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.” – Filipenses 4:21

 a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:” – 1 Corintios 1:2

Bíblicamente, los santos son personas que se han arrepentido de sus pecados y han recibido a Jesus en sus corazones, personas que viven conforme a la enseñanza de Dios y que cada día toman la decisión de apartarse de lo malo.

Es decir, los seguidores de Cristo somos santos.

¿Por qué debemos ser santos?

“pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; […]” – 1 Tesalonicenses 4:3a

El anhelo de Dios para nosotros es que nos apartemos del mal y de la impureza del mundo.

Hemos sido llamados para ello.

 Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.” – Levítico 20:26

La santidad no es únicamente el deseo de Dios para nosotros, también es su mandato.

Nuestra santidad es testimonio para el mundo de que somos hijos de Dios y coherederos juntamente con Cristo.

Dios es Santo y como hijos suyos debemos serlo también. Él no soporta el pecado, y nosotros tampoco debemos de hacerlo. Nuestra búsqueda de la santidad es una manera de cultivar nuestra relación con Dios.

“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús.” – Filipenses 2:5

La meta como cristianos es desarrollar en nosotros el carácter de Cristo.

“Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida […]” – Filipenses 2:14-16a

Nuestro testimonio da fe sobre nuestra relación con Dios. Es lo que nos diferencia del resto del mundo. La santidad de nuestras almas, es lo que nos hará resplandecer en medio de un mundo perverso.

¿Cómo podemos ser santos?

El primer paso para alcanzar la santidad es ser salvos. Antes del momento de nuestra salvación nuestras almas están marcadas por la mancha del pecado.

Una vez que nos hemos arrepentido por nuestros pecados, y que hemos creído en nuestros corazones que Jesús es el Hijo de Dios. Entonces comienza el proceso de santificación.

“¿Con qué limpiará el joven su camino?

Con guardar tu palabra.” – Salmo 119:9

Hemos dicho que la santidad es apartarse de aquello que no agrada a Dios, pero ¿cómo sabremos qué es lo que no agrada a Dios?

Sólo a través de escudriñar su palabra.

Cuando leemos la Biblia constantemente aprendemos y conocemos más de Dios.Gracias a la lectura conocemos aquellas cosas que Él aborrece y que Él ha llamado impuras. Cosas de las que debemos mantenernos alejados.

La salvación nos hace nuevos hombres otorgándonos una nueva vida en Dios. Nuestra naturaleza pecaminosa muere y somos libres del poder de Satanás.

La santidad acaba con las costumbres pecaminosas, nos libera del poder de la carne y desarrolla en nosotros frutos espirituales.

¿Qué no es la santidad?

  1. No significar que somos perfectos: Dios sigue perfeccionando la obra en nosotros, pero nunca alcanzaremos la perfección, eso es algo reservado para Dios mismo.
  2. No significa que jamás volveremos a ser tentados: Jesús mismo fue tentado, no hay nada malo en que el enemigo quiera tentarnos. La tentación por si sola no es pecado, lo que es pecado es caer en ella.
  3. Y mucho menos significa que no volveremos a pecar: Somos imperfectos, pecaremos muchas veces en nuestra vida. La diferencia es que con Cristo, ya no vivimos vidas pecadoras. Ahora, cuando pecamos, nuestro corazón se arrepiente y busca alejarse de esas actitudes.

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La santidad acaba con las costumbres pecaminosas, nos libera del poder de la carne y desarrolla en nosotros frutos. Pero ¿Qué significa ser santo?

La santidad acaba con las costumbres pecaminosas, nos libera del poder de la carne y desarrolla en nosotros frutos. Pero ¿Qué significa ser santo?

 

 

 

 

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Valientes buscadores de la santidad

Desde chica he escuchado que ser cristiano no es para cobardes y en los últimos años he comenzado a descubrir por que. Es mucho más fácil y requiere menos de uno mismo, el seguir a la corriente. Defender el nombre de Cristo y mantener nuestra santidad, cada vez se vuelve una campaña más difícil. El mundo está obstinado en seguir ofendiendo a Dios y ante tanta presión probablemente creamos que es hora de tirar la toalla, pero es ahí donde el ejemplo de Daniel debe de inspirarnos a seguir adelante.

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.” – Daniel 1:8

Me parece sumamente hermoso este versículo por que nos habla de:

  1. Un corazón que ama y respeta a Dios

    Daniel buscó mantener su pureza porque amaba a Dios. Su amor es el que lo impulsa a respetar sus mandamientos.  Daniel había sido llevado a Babilonia junto con otros príncipes. La Biblia dice que estos eran “enseñados en toda sabiduría”. Por el comportamiento de Daniel y sus amigos,  podemos concluir que todos ellos conocían a Jehová y su ley. Sin embargo sólo 4 de estos príncipes deciden mantenerse santos. Muchas personas alrededor de nosotros conocen o han conocido a Dios, pero han decidido vivir una vida apartada de Él. Probablemente la presión social del momento era muy fuerte, pero Daniel, Ananías, Misael y Azarías decidieron hacer lo correcto.
    En muchísimas ocasiones lo correcto no será lo más fácil de hacer. Para ellos lo más fácil era adaptarse al nuevo estilo de vida que debían llevar. No obstante deciden aferrarse a su fe y a lo que saben que es bueno. Cuando amamos a Dios buscamos hacer lo que le agrada y apartarnos de lo que no le agrada, aún cuando todos hacen lo contrario.
    Constantemente me encuentro ante discusiones en los que una parte fundamental de mi fe se ve ridiculizada o atacada. Lo más sencillo es quedarse callado, pero lo correcto es expresar nuestra posición ante lo que se discute. Requiere de valentía, sí, porque es difícil ir contra la corriente, pero es lo que Dios exige de nosotros.

     Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” – Jeremías 15:19

  2. Un carácter recto

    Daniel vivía en rectitud, y en estos versículos vemos los primeros indicios de ello. Su carácter recto no se limita a su etapa temprana de vida, si no que se sigue desarrollando en su adultez.

    “Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él.” – Daniel 6:4

    Una vida recta es una vida íntegra, en la que cada parte de nosotros va de acuerdo al corazón de Dios. Y vaya que es difícil. Pero no vamos solos en la búsqueda de esta rectitud. Dios va con nosotros, y con Él no podemos ser vencidos.

  3. Un hombre valiente

    Daniel estaba llegando a un nuevo país, era extranjero y pertenecía al pueblo conquistado. Sin embargo nada de eso le impide levantar su voz y pedir que le permitan mantenerse sin mancha. En lo personal desconozco si hacerle el fuchi a la comida del rey era un insulto, pero creo que de así haber sido, Daniel de todas maneras hubiera mantenido su convicción, porque como vemos más adelante, el era valiente.

    “Todos los gobernadores del reino, […]  han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. […] Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” – Daniel 6:7,10

    Daniel no dejó su fe por miedo, si no que se mantuvo firme en su relación con Dios. Que bello compromiso y reflejo de confianza.
    Ser valiente, significa confiar en que Dios nos sostiene. Daniel sabía que los gobernadores se darían cuenta de que él estaba orando, pero también sabía que Dios estaba de su parte y que Él lo iba a defender.

Pero sobre todas las cosas, lo que más llama mi atención en este versículo es la parte que dice:

“El propuso en su corazón”

La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca (Lucas 6:45). El corazón de Daniel abundaba de Dios.

“En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona.” – Proverbios 27:19

Todo lo que vimos que se refleja en Daniel tiene que ver con Dios.

¿Las personas ven a Dios en nosotros? ¿Estamos motivando a otros a ser valientes?

La iniciativa de Daniel impulsa a sus amigos a hacer lo mismo y a apartarse de lo impuro.

Muchas veces lo único que se necesita es 1 persona que lo haga lo bueno, para que otras se sumen, y para eso se necesita valentía. Ser el único haciendo lo agradable delante de Dios es difícil. Nos sentimos aislados. Pero podemos tener la fuerte convicción de que nuestra santidad nos acerca más a Dios. No estamos solos.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Josué 1:7-8

Cada vez que nos enfrentamos a situaciones difíciles, recordemos las palabras de Dios para Josué y apropiémonos de ellas. Seamos valientes y esforzados en nuestra fe, vivamos una vida que agrade a Dios como lo fue la vida de Daniel. Y no nos amoldemos a este mundo sólo porque es lo más sencillo.

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Cuando oramos estamos intimando con Dios, estamos desarrollando nuestra relación Él. Aprendamos a orar correctamente para que nuestra oración sea escuchada.

¿Quieres saber cómo debes orar?

Da click aquí.

 

 

 

A partir del próximo domingo podrás dar click aquí e ir a un espacio donde encontrarás más información sobre la santidad.

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Es mucho más fácil seguir a la corriente. Mantener nuestra santidad cada vez se vuelve una campaña más difícil que requiere que seamos valientes.

 

 

 

 

 

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¿Cómo debemos orar? El modelo de oración de Jesús

Cuando oramos estamos intimando con Dios, estamos desarrollando nuestra relación Él. Aprendamos a orar correctamente para que nuestra oración sea escuchada.

Leyendo durante la semana me encontré con este pasaje:

 “Cada mañana y cada tarde debían estar presentes para agradecer y alabar al Señor.” – 1 Crónicas 23:30

Y retumbó mucho en mi corazón. A partir del lunes comencé a levantarme un poco más temprano de lo normal para orar 15 minutos. Y me sentía muy bien conmigo misma por comenzar a hacer este esfuerzo, pero después de leer esto, me doy cuenta que Dios quiere más de mi. Y me sorprende ver que no sólo soy yo quien anhela más de Él, si no que es algo de dos vías. Algo que aplica a la vida de todos.

¿Qué es la oración?

Primero que nada debemos definir la oración. La oración es simplemente hablar con Dios, platicarle lo que sentimos y lo que pensamos. Si bien es cierto Él ya conoce nuestros pensamientos aún antes de que los digamos (Mateo 6:8). La oración es un beneficio para nosotros. Cuando oramos estamos intimando con Dios, estamos desarrollando nuestra relación Él. Es exactamente igual que con nuestras amistades, si no les llamaremos por teléfono o los viéramos para platicar, la relación se enfría.

¿Cuándo debemos orar?

La Biblia dice en Efesios 6:18 que debemos orar en todo tiempo. 1 de Tesalonicenses 5:17 dice que oremos sin cesar. Romanos 12:12 dice que la oración debe ser constante.

Está claro que no vamos a estar hincados todo el día orando, también hay responsabilidades y actividades con las que debemos cumplir. A lo que estos versículos se refieren, es que la oración debe ser algo natural y constante en nuestra vida. Que debemos apartar el tiempo DIARIAMENTE para hablar con Dios.

Creo que esto también está directamente relacionado con que a lo largo del día estemos en comunicación con Dios, y esto se logra de muchas maneras. Principalmente orando, pero también escuchando cantos que han sido inspirados por Él y manteniendo el canal de comunicación abierta, que si nos sucede algo lo hablemos en nuestro corazón con Dios.

Es muy importante mencionar que si dejamos nuestro tiempo de oración para cuando tengamos tiempo en el día, jamás va a suceder. La vida actual nos tiene siempre ocupados, entre actividades y responsabilidades las horas son insuficientes y si no tenemos designado un tiempo especial para Dios, entonces vamos a dejar de estar en comunión con Él.

Encuentra un lugar  donde no vayas a distraerte, separa una hora del día para orar y hazlo. El tiempo que dure tu oración dependerá de tu conversación con Dios. Mientras más tiempo hablemos con Él, mejor lo conoceremos.

¿Cómo debemos orar?

Jesús les dio a sus discípulos el “Padre nuestro” como una guía para su oración, no como algo que debían memorizar y repetir como robots. Lo que a Jesús le importaba es que sus discípulos aprendieran el modelo de oración.

Veamoslo con detenimiento.

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.” – Mateo 6:9-13

Padre nuestro

Jesús pone énfasis en que no nos estamos acercando a un Dios alejado y frío, si no a un padre amoroso.

Que estás en los cielos

Hay que reconocer la soberanía de Dios. Con esto Jesús quiere que recordemos la omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia del Padre.

Santificado sea tu nombre

Adoramos a Dios por su naturaleza, no por la que ha hecho, si no por lo que es.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El reino de Dios está en nuestros corazones como creyentes, oramos por que alcancé a otros también.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy

Dios conoce nuestras necesidades y provee para suplirlas, pero el pedirle lo que necesitamos es reconocer que dependemos de Él.

Y perdónanos nuestras deudas

Entrar a la presencia de Dios con altanería sólo hará que el Padre cierre sus oídos. Debemos entrar con una actitud humilde, reconociendo que somos pecadores.

Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores

Jesús enseña que una relación vertical con Dios es imposible si no hay una relación horizontal con los otros. No podemos esperar el perdón del Padre y negarle nuestro perdón a los demás.

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal

Debemos reconocer que sin la fuerza del Padre somos débiles y podemos caer en tentación. Al pedirle que nos libre del mal, estamos pidiendo por su protección y fortaleza.

Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén

La oración debe comenzar con alabanza y terminar con ella.

Basados en todo esto podemos encontrar un modelo para la oración que incluye:

  1. Alabanza
  2. Acción de gracias
  3. Confesión
  4. Intercesión
  5. Petición
  6. Súplica
Alabanza

La alabanza es adorar a Dios por lo que Él es (Mateo 6:9). Adorarle por sus atributos, reconociendo que Él es el Todopoderoso y que Él es digno de gloria y honor.

Acción de gracias

Esto es alabar a Dios no por lo que es, sino por lo que Él ha hecho. Cuando presentamos peticiones al Señor también hay que reconocerle todo lo que ya hizo en nuestras vidas.

Según 1 Tes. 5:18 debemos de dar gracias en todo, porque es la voluntad de Dios para con nosotros. Es decir que aún en medio de la tribulación y la prueba debemos de agradecer a Dios.

Confesión

Cuando confesamos nuestros pecados a Dios estamos limpiando el canal de comunicación hacia Él. Parte del “Padre nuestro” incluye confesar nuestros pecados. Primero porque hay que presentarnos sin mancha ante el Padre y segundo porque nos hace humildes ante su presencia. Sirve para quitar todo impedimento entre el adorador y Dios.

Intercesión

Es la oración que invoca las bendiciones de Dios para otros. Es una oración vital para rescatar al mundo de las garras del diablo. Cuando nos sentimos guiados para orar por algo o alguien que nos viene a la mente de forma casual, es en realidad el Espíritu Santo que ha propiciado ese encuentro. Este tipo de lucha espiritual debe ser una actividad primaria en la vida de todo creyente. 1 Timoteo 2:1-2

Súplica

Es una oración sincera, continua y fervente, viene a mi mente el profeta Daniel, cuando pedía que se abriera su entendimiento sobre el juicio venidero. Es clamar por que un asunto se resuelva según la voluntad de Dios. Requiere de perseverancia. Esta palabra parece 19 veces en el Nuevo Testamento y es definida de 3 maneras:

  1. Ruego por algo que está dentro de la cotidianidad pero que es estorbado por otro algo (Lucas 1:13)
  2. Insistencia sin cansancio. Firmeza continua en la oración. (Filipenses 1:19)
  3. Intensa lucha espiritual en marcha cuyo resultado tendrá grandes consecuencias dentro del reino (Efesios 6:18)
Petición

Es pedir que Dios supla nuestras necesidades. Aquí lo más importante es la actitud del corazón, y de ahí la importancia de la confesión de nuestros pecados, que nos deja con una actitud humilde. Es importante recalcar que Jesús dice que pidamos el pan de cada día, lo que significa que Dios quiere que cada día presentemos nuestras necesidades ante Él. Dios quiere escuchar que lo necesitamos, pero aún más importante quiere que nos demos cuenta de eso.
Tenemos que ser honestos con Dios a la hora de pedir, si creemos que nos hace falta fe o confianza en Él, no debemos avergonzarnos por pedirle a Dios que nos fortalezca en esas áreas, al contrario, con más razón hay que pedirle.
Muchas personas se encapsulan en sólo pedir, y aunque es importante que lo hagamos, no debe ser lo único por lo que oremos.

Lo más importante de la oración es que Él nos escucha y obra conforme a lo que hemos orado.

Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.  Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de vosotros, si su hijo le pide pan, le da una piedra?”- Mateo 7:7-9

 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” – Juan 15:16

No olvidemos que tenemos un Dios vivo, que nos ama, y que quiere que nuestra relación con Él sea cada vez más profunda.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” – Jeremías 33:3

Él responde a la oración de su pueblo, cada vez que oremos, tomémonos unos minutos para disfrutar de su presencia y dejemos que Su corazón le hable al nuestro.

Si quieres aprender más sobre doctrina cristiana da click aquí.

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Cuando oramos estamos intimando con Dios, estamos desarrollando nuestra relación Él. Aprendamos a orar correctamente para que nuestra oración sea escuchada.

Cuando oramos estamos intimando con Dios, estamos desarrollando nuestra relación Él. Aprendamos a orar correctamente para que nuestra oración sea escuchada.

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¿Por qué nos avergüenza el evangelio?

¿Por qué nos avergüenza el evangelio?
“[…] nunca suavice el evangelio. Si la verdad ofende, entonces deje que ofenda. La gente ha estado viviendo toda su vida ofendiendo a Dios. Deje que se ofendan por un momento”. – John MacArthur

“¿A quién le hablaré? ¿A quién le advertiré?¿Quién podrá escucharme? Tienen tapados los oídos y no pueden comprender. La palabra del Señor los ofende; detestan escucharla. – Jeremías 6:10”

Que triste es ver y saber, que vivimos en una sociedad que detesta a Dios, que lo ignora, y que se siente ofendida por lo que Él quiere decirles.

En muchas ocasiones me he encontrado con personas que hablan pestes de Dios y de su palabra, y me pregunto ¿cómo hablan así de alguien que no conocen?

Cuando conocemos a Dios, verdaderamente conocemos a Dios, somos transformados de tal manera que no es posible aborrecer su palabra . Al contrario, somos atraídos a ella.

Lo que es aún más triste no es que el mundo no quiera escuchar la palabra de Dios. Es normal. El mundo rechazó el mensaje cuando Jesús mismo lo compartía, es claro que también han de hacerlo cuando lo compartimos nosotros. Lo que es triste es que como cristianos nos comencemos a sentir mal por compartir el mensaje. Que nos avergüence hablar de nuestra fe, que nos de pena compartir con otros, que nos de miedo el rechazo.

Seremos rechazados a causa del mensaje del evangelio, Jesús lo dijo.

“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” – Mateo 10:22

Pero no es a nosotros a quienes rechazan, si no a Dios mismo.

“El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.” – Lucas 10:16

No estamos en este mundo para consentir el pecado. Si no para todo lo contrario. Aquéllos que hemos sido salvos estamos aquí para compartir del mensaje de Dios. Cuando nos preguntamos sobre nuestro propósito en la tierra, ese es.

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20

Hemos sido llamados a compartir las buenas nuevas, pero si nos avergonzamos de ellas, poco cumpliremos con nuestro propósito.

Debemos dejar de suavizar el evangelio para que aquellos a quienes le compartimos no se sientan ofendidos por la Palabra de Dios. La Palabra es dura, Jesús fue duro. Él pronuncio estas palabras:

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.” – Mateo 23:27

La Palabra de Dios es difícil de escuchar, hasta sus propios discípulos lo decían (Juan 6:60)

La dureza del evangelio no se pelea con el amor de Dios, al contrario. Dios es un padre que disciplina al que ama, y habla duramente a quien se ha extraviado.

Tendemos a buscar suavizar el evangelio para que el mundo deje de tacharnos como radicales e intolerantes. Pero Dios es intolerante con el pecado ¿por qué nosotros no habríamos de serlo?

“Pretender predicar la verdad sin ofender a los hombres carnales, es pretender hacer lo que Jesucristo no podía hacer” — Thomas Wilson.

Cierto es que debemos predicar con amor, aún más cierto es que Dios es un Dios misericordioso y que su salvación ha sido una demostración de su gracia. Pero esto no significa que podemos eliminar de la ecuación que todos somos pecadores, que estamos condenados a una eternidad sin Cristo y que es sólo a través de un verdadero arrepentimiento y de aceptar a Jesús en nuestros corazones que podemos ser salvos.

El evangelio son las buenas noticias de que a pesar de todo el pecado que hay dentro de nuestros corazones, podemos encontrar la salvación. Que a pesar de nuestra suciedad hay un Dios dispuesto a perdonar. Pero el mundo decide ignorar el mensaje de Cristo.

“Ellos me volvieron la espalda en vez del rostro, y cuando les enseñaba desde el principio y sin cesar, no escucharon para recibir corrección,” – Jeremías 32:33

El mundo ha decidido hacer oídos sordos a la Palabra de Dios. Les parece anticuada, les parece errónea. Pero nosotros que vivimos en la verdad sabemos que eso no es cierto, y es nuestra responsabilidad seguir compartiendo. Aún si después de ser rechazados constantemente, sólo una persona fuera salva, seríamos victoriosos, porque sería un alma más para Cristo.

El quedarnos callados por miedo a incomodar puede significar la pérdida de un alma. Y recordemos lo que Dios le dijo a Ezequiel:

“Cuando yo diga al impío: ‘¡Impío, de cierto morirás!’, si tú no hablas para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero yo demandaré su sangre de tu mano.” – Ezequiel 33:8

Dejemos de avergonzarnos del mensaje del evangelio. Recordemos las palabras de Pablo:

“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, […] pues en el evangelio, la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: «Mas el justo por la fe vivirá».” – Romanos 1:16-17

No tenemos por qué avergonzarnos del mensaje de salvación. Dejemos atrás el temor que nos impide predicar a Cristo.

Olvidémonos de hacer el evangelio más atractivo. La salvación de la condenación es más que suficiente. El evangelio no se trata de beneficios instantáneos y terrenales, si no de algo más alto. Se trata de una relación íntima con Dios, de la promesa de una vida eterna. No tenemos que adornar el evangelio, tal y como es, es perfecto.

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Dejemos de callar nuestra fe. Lo que el enemigo quiere es que nos apene confesar que somos hijos de Dios y mientras sigamos en silencio le estamos dando gusto 🤐 Dejemos de sentir vergüenza del evangelio y aprendamos a amarlo y a compartirlo con otros

Dejemos de callar nuestra fe. Lo que el enemigo quiere es que nos apene confesar que somos hijos de Dios y mientras sigamos en silencio le estamos dando gusto 🤐 Dejemos de sentir vergüenza del evangelio y aprendamos a amarlo y a compartirlo con otros